El “debate” acerca de la libertad de acción se ha centrado en ese
partido y no en otros de la coalición -y mucho menos en el Frente
Amplio- por una razón muy sencilla: es la Democracia Cristiana la
colectividad que dentro de la NM ha estado más incómoda, puesto más
reparos y expresado más reproches a la labor del gobierno, incluyendo
amenazas veladas o abiertas de seguir su propio camino, lo que hasta
cierto punto materializó con la candidatura de la señora Goic.
Inimaginable dicho predicamento y agitación de banderas independentistas
en el seno del PS, del PC y hasta del renacido PR, el Lázaro de la
actual política chilena, cuerpo yerto levantado de su tumba y puesto a
caminar por un milagro del nuevo Mesías, Alejandro Guillier. Todos están
por igual orgánica, visceral, existencial y oportunísticamente
vinculados a la NM. Sobre todo es así con el PC. Ese partido, de no ser
miembro de la coalición y de los pactos que entraña, pasaría desde la
condición de iniciador, ejecutor y controlador de parte importante de la
institucionalidad del Estado y de la oreja presidencial de turno a la
de partido del 5% del electorado.
Buenas razones
Considerando todos esos factores, la razón de la candidatura Goic o más bien de su “saludo a la bandera” ha sido siempre plausible y razonable; su partido no es de izquierda como los otros, sino tiene su habitación, nos comunican los agrimensores de la flecha roja, en el territorio de la “centroizquierda”. Que dicha expresión en sí misma no signifique nada precisamente por pretender significar demasiado y no definir ninguna cosa, importa bien poco; al menos con ese membrete se le comunica a la nación que NO es un partido con siquiera un leve tufo de marxismo, colectivismo, estatismo y todos los demás ismos de la constelación ideológica, emocional, palabrera y laboral de la izquierda. A esa razón se agrega su auténtico disgusto por mucho de lo hecho por el gobierno con el apoyo del resto de la coalición y a lo que la decé ha opuesto reparos en varias ocasiones. La NM ha sido una entidad donde el PS y el PC encontraron con un nuevo nombre su tradicional área común de entendimiento y valores sostenidos desde tiempos inmemoriales, alianza natural en todo el sentido de la palabra, pero para la decé no ha sido nunca ni puede ser jamás sino instrumental, un pacto electoral y de gobierno celebrado con fuerzas en todo distintas, salvo en el interés común por gobernar y el uso común y vacío del término “centroizquierda” o el aun más vacío y manoseado de “progresismo”. Un instrumento se toma o se deja según su utilidad, en este caso el estar en el gobierno con algún peso y gravitación o siquiera real influencia; si esos elementos faltan, la utilidad disminuye o hasta desaparece y llega el momento de repactar las condiciones con los difíciles socios. Ese momento es hoy y es otra razón para la candidatura Goic.
¿Y malas razones…?
Lo que podría parecer no razonable, incluso anacrónico, es el debate sobre la libertad de acción. Siendo políticos profesionales con el índice puesto sobre el pulso de la nación, la del año 2017, sin embargo se comportan como senadores de la Roma clásica decidiendo si van o no a convertir a sus esclavos en “libertos”. Dicho debate a primera vista o audición se ve y suena ridículo porque hoy en día ninguna doña Juanita y su cónyuge e hijos están esperando el permiso de nadie para votar por quien se les frunza, pero por supuesto la señora Goic y los demás dirigentes saben perfectamente todo eso. Lo saben mejor que nosotros porque si acaso tienen el índice puesto en algún pulso, es en el pulso de su partido y hace rato ya que captaron los latidos del creciente flujo de votantes, otrora suyos, que están pensando en votar o ya decidieron hacerlo por la derecha, fenómeno que ocurre aun en altas esferas de la colectividad. Hasta el más despistado sabe que de los ex altos dirigentes que forman parte del movimiento “Progreso sin Progresismo” difícilmente habrá muchos que vayan a votar por Goic y sin duda ninguno lo hará por Guillier, a quien consideran, como el propio Guillier lo ha dicho, continuador de la señora Bachelet, lo que equivale a decir continuador de la desmedida influencia del PC y de su programa y sus hordas enquistadas en el Estado. Los dirigentes decé saben de la existencia de ese flujo o más bien hemorragia y saben también que no controlan ni siquiera el voto del tipo que les sirve el café en la sede del partido, pero es precisamente por eso que deben disimular fingiendo que aún manejan la espita que deja o no deja salir a borbotones el voto; sin dicha creencia habría que ser más o ser menos que humano para seguir dirigiendo la colectividad o, en subsidio, reemplazar la vocación política por la taxidermia. En breve, sin esa ilusión dichos personeros se quedarían sin mercancía virtual para negociar en segunda vuelta. La “libertad de acción”, entonces, no es un debate sino una mascarada. No puede darse o quitarse porque hace rato que los seguidores de la decé ya la tomaron en sus manos. Discutir acerca de eso sólo es un acto de malabarismo sin cuerda, sin red y quizás sin espectadores y que se ofrece al público tal como los viejos vendedores callejeros anunciaban la pronta aparición de la invisible culebra dentro de la maleta.
Baile de máscaras
Pero si lo de la “libertad de acción” es un “stunt” de marketing, una ilusión, también es algo real, a saber, otra rica faceta y avatar del cúmulo de contradicciones en que se mueve el progresismo y en especial su partido más ambiguo, vacilante, inquieto e incómodo. Sin domicilio conocido dentro de las fronteras de la cacareada “centroizquierda” y divididos internamente en facciones, más deteriorados aun están en su base, donde desde hace tiempo se ha ido produciendo un éxodo al revés, no hacia sino desde la Tierra Prometida o al menos la que les prometieron sus socios de coalición. Es fenómeno que no puede aceptarse públicamente o sería equivalente a apersonarse en el síndico de quiebras. Tampoco los demás miembros de la NM, pese al desdén con que miran a sus compañeros de ruta, están disponibles para algo más que reproches al borde de la rabia abierta y el desprecio, manifestado a veces casi desnudamente por un personaje locuaz como Andrade. Una coalición de izquierda siempre necesita maquillarse, en democracia, con un partido de “centro” o ahora, dicho con más audacia, de “centroizquierda”.
Buenas razones
Considerando todos esos factores, la razón de la candidatura Goic o más bien de su “saludo a la bandera” ha sido siempre plausible y razonable; su partido no es de izquierda como los otros, sino tiene su habitación, nos comunican los agrimensores de la flecha roja, en el territorio de la “centroizquierda”. Que dicha expresión en sí misma no signifique nada precisamente por pretender significar demasiado y no definir ninguna cosa, importa bien poco; al menos con ese membrete se le comunica a la nación que NO es un partido con siquiera un leve tufo de marxismo, colectivismo, estatismo y todos los demás ismos de la constelación ideológica, emocional, palabrera y laboral de la izquierda. A esa razón se agrega su auténtico disgusto por mucho de lo hecho por el gobierno con el apoyo del resto de la coalición y a lo que la decé ha opuesto reparos en varias ocasiones. La NM ha sido una entidad donde el PS y el PC encontraron con un nuevo nombre su tradicional área común de entendimiento y valores sostenidos desde tiempos inmemoriales, alianza natural en todo el sentido de la palabra, pero para la decé no ha sido nunca ni puede ser jamás sino instrumental, un pacto electoral y de gobierno celebrado con fuerzas en todo distintas, salvo en el interés común por gobernar y el uso común y vacío del término “centroizquierda” o el aun más vacío y manoseado de “progresismo”. Un instrumento se toma o se deja según su utilidad, en este caso el estar en el gobierno con algún peso y gravitación o siquiera real influencia; si esos elementos faltan, la utilidad disminuye o hasta desaparece y llega el momento de repactar las condiciones con los difíciles socios. Ese momento es hoy y es otra razón para la candidatura Goic.
¿Y malas razones…?
Lo que podría parecer no razonable, incluso anacrónico, es el debate sobre la libertad de acción. Siendo políticos profesionales con el índice puesto sobre el pulso de la nación, la del año 2017, sin embargo se comportan como senadores de la Roma clásica decidiendo si van o no a convertir a sus esclavos en “libertos”. Dicho debate a primera vista o audición se ve y suena ridículo porque hoy en día ninguna doña Juanita y su cónyuge e hijos están esperando el permiso de nadie para votar por quien se les frunza, pero por supuesto la señora Goic y los demás dirigentes saben perfectamente todo eso. Lo saben mejor que nosotros porque si acaso tienen el índice puesto en algún pulso, es en el pulso de su partido y hace rato ya que captaron los latidos del creciente flujo de votantes, otrora suyos, que están pensando en votar o ya decidieron hacerlo por la derecha, fenómeno que ocurre aun en altas esferas de la colectividad. Hasta el más despistado sabe que de los ex altos dirigentes que forman parte del movimiento “Progreso sin Progresismo” difícilmente habrá muchos que vayan a votar por Goic y sin duda ninguno lo hará por Guillier, a quien consideran, como el propio Guillier lo ha dicho, continuador de la señora Bachelet, lo que equivale a decir continuador de la desmedida influencia del PC y de su programa y sus hordas enquistadas en el Estado. Los dirigentes decé saben de la existencia de ese flujo o más bien hemorragia y saben también que no controlan ni siquiera el voto del tipo que les sirve el café en la sede del partido, pero es precisamente por eso que deben disimular fingiendo que aún manejan la espita que deja o no deja salir a borbotones el voto; sin dicha creencia habría que ser más o ser menos que humano para seguir dirigiendo la colectividad o, en subsidio, reemplazar la vocación política por la taxidermia. En breve, sin esa ilusión dichos personeros se quedarían sin mercancía virtual para negociar en segunda vuelta. La “libertad de acción”, entonces, no es un debate sino una mascarada. No puede darse o quitarse porque hace rato que los seguidores de la decé ya la tomaron en sus manos. Discutir acerca de eso sólo es un acto de malabarismo sin cuerda, sin red y quizás sin espectadores y que se ofrece al público tal como los viejos vendedores callejeros anunciaban la pronta aparición de la invisible culebra dentro de la maleta.
Baile de máscaras
Pero si lo de la “libertad de acción” es un “stunt” de marketing, una ilusión, también es algo real, a saber, otra rica faceta y avatar del cúmulo de contradicciones en que se mueve el progresismo y en especial su partido más ambiguo, vacilante, inquieto e incómodo. Sin domicilio conocido dentro de las fronteras de la cacareada “centroizquierda” y divididos internamente en facciones, más deteriorados aun están en su base, donde desde hace tiempo se ha ido produciendo un éxodo al revés, no hacia sino desde la Tierra Prometida o al menos la que les prometieron sus socios de coalición. Es fenómeno que no puede aceptarse públicamente o sería equivalente a apersonarse en el síndico de quiebras. Tampoco los demás miembros de la NM, pese al desdén con que miran a sus compañeros de ruta, están disponibles para algo más que reproches al borde de la rabia abierta y el desprecio, manifestado a veces casi desnudamente por un personaje locuaz como Andrade. Una coalición de izquierda siempre necesita maquillarse, en democracia, con un partido de “centro” o ahora, dicho con más audacia, de “centroizquierda”.
Fernando Villegas
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